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¿Por qué hay quien culpa a Mari Carmen? Cinco trampas mentales que nos protegen del miedo

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Hay situaciones que nos parecen tan injustas que no entendemos cómo alguien puede defenderlas. Y, sin embargo, pasa. Lo hemos visto con Mari Carmen, una mujer mayor que pagó su alquiler cada mes, sin fallar, y que aun así se ha visto a punto de perder su casa.

Su historia ha abierto un debate que duele: hay quien piensa que lo que le ocurre es legítimo, o que era ella quien tenía que haberlo resuelto. ¿De dónde salen esas opiniones?

El psicólogo Dany Blázquez, profesor en la UNIR, lo explicaba en un vídeo para Código Nuevo. Según él, detrás de muchos de estos juicios no hay maldad, sino mecanismos mentales que nos ayudan a sentirnos a salvo. Y en ellos podemos caer todos y todas.

Si pagar religiosamente toda la vida no garantiza nada, entonces a mí también me podría pasar. Y eso es muy difícil de aceptar.

1. Necesitamos creer que el mundo es justo

Nos tranquiliza pensar que la vida es más o menos predecible: que las buenas decisiones traen cosas buenas y las malas tienen consecuencias. El caso de Mari Carmen rompe esa idea y nos recuerda nuestra propia vulnerabilidad. Como pensar que el sistema es legítimo reduce la incertidumbre y el malestar, hay quien hace malabares mentales para encontrarle un sentido a lo que no lo tiene.

2. Convertimos el esfuerzo en una deuda moral

«Si yo vivo compartiendo piso lejos del centro porque no me lo puedo permitir, ¿por qué ella sí?». Dany Blázquez lo llama moralización del esfuerzo: transformamos nuestros sacrificios en una obligación que exigimos a los demás. Así, lo de Mari Carmen parece un privilegio, cuando era una mujer mayor que destinaba un tercio de su pensión a un alquiler que había pasado por distintos propietarios.

3. Vemos la vida como una competición

Es el pensamiento de suma cero: creer que lo que consigue una persona se lo está quitando a otra. Desde ahí, cualquier protección para ella se vive como una pérdida propia.

4. Nos ponemos en el bando al que queremos pertenecer

La identidad aspiracional nos lleva a identificarnos con quien nos gustaría ser, no con quien somos. Defendemos al que tiene la propiedad aunque nuestra vida se parezca mucho más a la de Mari Carmen.

5. Después, todo parece obvio

El sesgo retrospectivo hace que, cuando algo ya ha ocurrido, sobreestimemos lo predecible que era. «Tendría que haberlo visto venir». Y con esa frase nos convencemos de que nosotros sí lo habríamos evitado.

Juntas, estas cinco trampas forman el cóctel perfecto para culpar a las víctimas. Nos protegen de una verdad incómoda: que nosotros tampoco estamos a salvo. Reconocerlas no nos debilita. Nos permite mirar a los demás con más empatía y a nosotros mismos con más honestidad.

Te lo preguntamos a ti

¿Te has sorprendido alguna vez pensando «algo habrá hecho» ante lo que le pasaba a otra persona?

¿Cuál de estas cinco trampas reconoces más en ti o en tu entorno? Te leemos en comentarios.

Para seguir pensando

Sigue a Dany Blázquez. Psicólogo, profesor en la UNIR y divulgador sobre salud mental en @danyblazquez.
La hipótesis del mundo justo. Concepto estudiado por el psicólogo Melvin Lerner: la tendencia a creer que cada persona recibe lo que merece.
Un ejercicio para esta semana. Cuando juzgues la situación de alguien, pregúntate: «¿Qué tendría que pasarme a mí para estar en su lugar?».

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