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Soledad deseada: la que sana, no la que duele

 Bienestar & Salud Emocional

A veces la soledad no la eliges, pero puede convertirse en el momento que más necesitabas

En Cómo te ha ido el día creemos que el bienestar no es solo hablar de lo bonito, sino atrevernos a mirar de frente lo que a veces nos incomoda o nos cuesta nombrar. Este proyecto nació para eso: para poner voz a lo que llevamos dentro a través de historias, conversaciones y análisis de situaciones cotidianas. Hoy queremos hablar de la soledad, pero de una en concreto: la que se elige, y la que a veces se nos impone y termina regalándonos algo que no esperábamos.

✦ Una mañana cualquiera

Hoy he empezado el día a las siete de la mañana. He llevado a mi hijo corriendo al campamento, después he ido al médico sin haber desayunado, y de vuelta me he encontrado más de diez kilómetros de retenciones por un accidente. Cuando por fin he llegado, ya había pasado la hora en la que suelo desayunar con mis compañeros, ese ratito que tanto disfruto porque es un poco mi momento de socializar. Todos habían desayunado ya. Así que, sin buscarlo, me he sentado a desayunar sola.

Y ahí, en ese desayuno que no había elegido, he encontrado calma. Cierto sosiego. Un pequeño acompañamiento a mí misma que no esperaba. No era la soledad que quería esa mañana, pero fue, sin darme cuenta, la que necesitaba.

La soledad que duele: lo que dice la neurociencia

Nos ha inspirado un episodio reciente del podcast Roca Project («La soledad destruye tu cerebro»), donde Carlos Roca conversa con Ana Asensio, psicóloga sanitaria y doctora en neurociencia. Ana explica algo que asusta un poco: vivimos en la era más conectada de la historia y, sin embargo, nunca nos habíamos sentido tan solos. Esa soledad no elegida —la que aparece por ausencia de vínculos profundos, por falta de afecto o por desconexión sostenida en el tiempo— tiene consecuencias reales sobre el cerebro y el cuerpo, desde el nacimiento hasta la vejez.

Soledad vs. solitud: no es lo mismo estar solo que sentirse solo

Hay una distinción que ayuda mucho a poner orden en todo esto, y es la que separa la soledad de la solitud. No son sinónimos, aunque solemos usarlos como si lo fueran.

😔 Soledad

  • Se siente vacío y desconexión
  • Puede ocurrir incluso entre mucha gente
  • Genera tristeza, incomprensión y distancia
  • Duele y desgasta emocionalmente

🌿 Solitud

  • Es bienestar y tranquilidad
  • Se elige estar solo sin sentirse mal
  • Permite crecer, reflexionar y descansar
  • Recarga la mente y el corazón

Dicho de otro modo: la soledad no elegida duele porque nos desconecta; la solitud, aunque también estés sola, te reconecta contigo misma. Aprender a disfrutar de tu propia compañía —y a distinguir cuándo estás en una y cuándo en la otra— es, en el fondo, un acto de amor propio.

La escritora Rosa Montero reflexionaba en su columna de El País sobre lo esencial que es aprender a convivir con la propia soledad como parte de madurar, y advertía de que el miedo a estar sola empuja a muchas personas hacia relaciones y amistades que no les convienen. Eso sí, matizaba algo importante: solo se disfruta de verdad la soledad cuando «no te sientes sola» de fondo, es decir, cuando sabes que tienes a tu alrededor a personas que te quieren.

La soledad que sana: la que se elige (o se resignifica)

Pero hay otra soledad, muy distinta, de la que casi nunca se habla con el mismo respeto: la soledad deseada. Esa que eliges tú, que no te la impone nadie, y que en lugar de vaciarte, te llena. Y como me ha pasado hoy, a veces ni siquiera hace falta elegirla desde el principio: una circunstancia te la impone, y aun así terminas encontrando en ella justo lo que te faltaba.

La diferencia no está tanto en si esa soledad llega por decisión propia o por las vueltas del día. Está en lo que haces con ella una vez que estás ahí: si te resistes y la vives como una carencia, o si te permites parar, respirar y escucharte un momento. Ana Asensio lo explica desde la neurociencia: el afecto es una necesidad biológica, y el apego que aprendemos de pequeños condiciona el tipo de vínculos que buscamos de adultas. Por eso no es raro que a veces confundamos «estar sola» con «estar mal», cuando en realidad puede ser justo lo contrario: el espacio que necesitábamos para volver a conectar con nosotras mismas.

Y hay otra capa de esto que también merece nombrarse: quedarte en casa, sola, con calma, en un espacio que es tuyo. Hoy en día, con lo difícil que está el acceso a la vivienda, tener un lugar propio donde poder simplemente estar —sin más planes que descansar— es en sí mismo un privilegio que a veces damos por hecho. Esa soledad de quedarse en casa no es solo un momento de introspección: es también una forma de gratitud silenciosa por tener ese refugio.

Ir sola no significa ir abandonada

Una de las trampas de la soledad deseada es pensar que, por elegirla, hay que vivirla en absoluta autosuficiencia. Nada más lejos. Una viñeta de 72kilos lo resume con humor y ternura a la vez: a veces hay que irse sola porque los propios planes no le encajan a nadie más, pero eso no significa quedarse sola para siempre. En el camino, casi siempre, se encuentra compañía.

🎨 Viñeta de @72kilos

Y hay un matiz importante que no queremos dejar fuera: elegir la soledad, o encontrarle su lado terapéutico, no es lo mismo que aislarse cuando algo duele de verdad. A veces detrás de un silencio hay más que ganas de estar sola, y merece la pena preguntar, o dejarse preguntar. Esta viñeta de Dominga Habla Sola, publicada con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, lo cuenta sin apenas palabras.

🎨 Viñeta de @dominga_habla_sola

Preguntar «¿estás bien?» y quedarse con un «estoy, ven» en vez de con un simple «sí» puede ser, muchas veces, el gesto que marca la diferencia entre una soledad que se sostiene y una que se rompe a tiempo.

La escritora Ikeli O’Farrell describe la soledad como un tránsito, una enseñanza, un camino que templa y fortalece, pero que no está pensado para convertirse en un hogar permanente: al final, decía, no hay nada comparable a «la compañía de alguien a quien amas —y que te ama—».

✦ Vale la pena recordar

  • No toda soledad no elegida es dañina; algunas esconden un descanso que necesitábamos
  • El malestar no está siempre en estar sola, sino en cómo interpretamos ese rato a solas
  • Un desayuno sola, un trayecto en silencio o una tarde sin planes pueden ser auto-acompañamiento, no abandono
  • Distinguir la soledad que sana de la que duele empieza por preguntarte cómo te sientes en ella, no solo si la elegiste
  • Si el silencio de alguien te preocupa, preguntar de verdad —y quedarte a escuchar la respuesta— puede ser un gesto que importa mucho

Si alguna vez sientes que la soledad pesa más de lo que puedes sostener, el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) atiende las 24 horas, todos los días del año.

¿Y vosotros? ¿Sabéis distinguir cuándo vuestra soledad es un refugio y cuándo es una herida?

🎧 Podéis escuchar el episodio completo aquí: Roca Project #104 — Ana Asensio

Este es justo el tipo de reflexión que queremos seguir trayendo desde Cómo te ha ido el día: pequeñas incomodidades cotidianas que casi nadie nombra, pero que muchas personas reconocen en cuanto las leen. 🤝💛


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