Cuando no sientes que perteneces
Hoy ha sido uno de esos días en los que aparece una sensación difícil de explicar: no sentir que perteneces.
A veces ocurre en grupos donde parece que no puedes entrar. Personas o entornos que, de forma más o menos explícita, te hacen entender que no eres bienvenido o bienvenida. Puede pasar en el instituto, en el trabajo o incluso en el grupo de madres y padres del colegio.
Cuando esto sucede, es fácil empezar a dudar de una misma.
Preguntarte si el problema eres tú.
Hoy me he recordado algo importante para mi bienestar emocional:
no siempre eres tú; a veces es el entorno.
Hay espacios que no saben acoger, que no practican la inclusión ni la empatía. Y eso no define tu valor como persona. No encajar no siempre es un fracaso; muchas veces es una señal.
Una señal de que necesitas autoacompañarte, ser amable contigo, cuidarte emocionalmente y no forzarte a permanecer donde no te sientes en casa.
Hoy he intentado practicar el autocuidado desde lo sencillo: escucharme, respetar lo que siento y entender que puedo proporcionarme bienestar incluso cuando fuera no lo encuentro.
Cierro el día recordando que pertenecer también empieza por una misma.
Y que cuidarse es, a veces, elegir no quedarse donde no hay espacio para ti.